Técnicas de meditación

     página extraída del libro 

   EL CORAZÓN DORADO

     (Guía práctica de la vida interior)

 

Heart nº 3, © 2006 by Tom Wilcox  http://tomwilcox.deviantart.com  

   Laureano J. Benítez Grande-Caballero

Ediciones Visión Libros, 2011

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      (Otras obras del autor en : http://www.laureanobenitez.com )

 

RESUMEN DEL CAPÍTULO V

                                                         

 ÍNDICE DE LA PÁGINA

  • Atención y concentración

  • Ejercicios de observación: observación del cuerpo, observación de objetos, concentración sobre mandalas, concentración sobre sonidos.

  • Ejercicios de imaginación: el árbol, el vacío, la palabra, la pantalla blanca.

  • Ejercicios de autoobservación: meditación vipassana, el testigo, meditación zen, las frases sagradas (mantrams), el vocablo sagrado (OM)

 

1.- Atención y concentración

 

 

Enfoco mi atención en aquél que ha estado observando ese sentimiento, y percibo que el Yo es diferente de la emoción observada... Me digo: “Yo no soy mis sentimientos”...

Ahora observo los pensamientos que hay en mi mente... Los veo aparecer y desaparecer, como las imágenes de una película, mirándolos desde fuera, como nubes que pasan... Me esfuerzo por observar ese flujo mental ininterrumpido...

Ahora vuelvo mi atención hacia quien ha estado observando la pantalla mental, y me doy cuenta de que el observador, el Yo es diferente de los pensamientos observados... Me digo: “YO no soy mis pensamientos, soy independiente de mi mente”.

Por último, presto atención al vacío que queda, me imagino que estoy frente a la nada. Ahora, voy a percibir mi identidad personal... No pienso, no analizo... Percibo mi ser, me quedo concentrándome conmigo, identificado conmigo... Siento mi unidad interior... Mi conciencia se hace presente a sí misma en toda su totalidad... Me digo: YO SOY...

3.- Meditación zen  

Meditation ©http://jae-ess-el.deviantart.com

Aparte del vipassana budista, la meditación zen es la más importante de cuantas se basan en la atención a la propia mente como objeto de la meditación.

El zen es una tradición espiritual perteneciente al budismo, que se caracteriza por su carácter práctico, influencia de la corriente china taoísta cuando el budismo, desde su origen hindú, se trasplantó a la cultura china. Su característica fundamental es que la iluminación (satori) puede obtenerse aquí y ahora, en el momento presente, sin las complicaciones teóricas del budismo clásico, y sin la ascesis disciplinaria de la metodología del yoga.

Su esencia es la práctica meditativa conocida como shikantaza, o “postura sentada”. Esta postura es iluminación por sí misma, cuando se realiza bajo las tres condiciones de postura justa, respiración justa y actitud justa.

Esta práctica arranca en el nivel conocido como dhyana en la terminología del yoga, palabra que traducíamos como “absorción”, y de la cual deriva el término chino t’chen que da lugar al vocablo “zen”. ¿En qué objeto se realiza esa absorción?: en la respiración, el tema de concentración favorito del budismo.

La postura justa produce la respiración justa. Para ello, el meditante se sienta en el suelo, de manera que la cadera queda más alta que las rodillas. Éstas empujan el suelo, mientras que la cabeza “empuja en el cielo”. La espalda está derecha, la cabeza inclinada ligeramente sobre el pecho, contrayendo la glotis. La nuca está estirada. Las manos descansan en el regazo, de manera que los pulgares están unidos, mientras que el dorso de la mano izquierda reposa sobre la palma de la mano derecha.

Una vez en la postura, la atención se fija en la respiración, cuatro dedos por debajo del ombligo, en la zona llamada hara, asiento de la energía ki. La respiración debe ser suave, lenta y profunda, especialmente la espiración. No se trata de hacer ejercicios respiratorios especiales, sino de permitir que el aliento fluya con naturalidad, pero haciendo hincapié en la espiración, “empujando con los intestinos”, y contrayendo el ano durante la misma.

Establecidas la postura y la respiración, se trata de quedarse ahí concentradamente, permitiendo a los pensamientos ir y venir, pasar como nubes en el cielo, sin analizarlos, sin reprimirlos. La vista se fija en el suelo, a un metro de distancia, con los ojos entreabiertos. No hay nada que conseguir, nada que obtener, nada que alcanzar, no hay “provecho ni beneficio”. En esto radica la actitud justa. Así, “sentados en la pelvis”, concentrados en el hara, salen a la mente contenidos subconscientes, pero no nos identificamos con ellos, sino que volvemos una y otra vez a la respiración, nos enraizamos en la tierra, volvemos a nuestro centro de gravedad en el bajo vientre.

Esta postura es la esencia de la iluminación, es despertar.

 

4.- Las frases sagradas: los mantrams

«En el principio era el Verbo, y el Verbo era Dios, y el Verbo estaba con Dios». Esta afirmación bíblica se encuentra presente en todas las tradiciones espirituales, donde se identifica a Dios con su Nombre, hasta el punto de que la repetición del nombre divino es sin duda la práctica más universal y extendida, por ser la que más directamente lleva a la autorrealización.

Esta práctica recibe distintos nombres: mantra en el hinduismo; dhikr en el sufismo; letanía o jaculatoria en el cristianismo; incluso en la corriente amidista del budismo se contempla la repetición del sagrado nombre de Amitabha, entidad que ayuda a los adeptos en su camino de liberación. Sólo el judaísmo se aparta de esta práctica, pues para él Dios es el “innombrable”.

El nombre divino es una energía mística contenida dentro de una estructura de sonido. En efecto, el sonido es vibración, energía con una determinada longitud de onda. En el compuesto humano, la energía circula siguiendo unos canales (nadis en la terminología del yoga), organizándose en torno a unos centros llamados chakras, que se encuentran en el cuerpo astral en número de siete, los cuales se corresponden a nivel físico con determinados plexos nerviosos. Estos chakras vibran con diferentes energías, de modo que los más elevados tienen más alta frecuencia vibratoria que los más bajos. Siendo así, es posible activar estos chakras usando sonidos determinados y específicos, cuya longitud de onda armonice con ellos. Los nombres divinos son, pues, sonidos sagrados que despiertan en nosotros energías elevadas.

El nombre divino es la deidad misma. El pensamiento, la forma y el sonido son la misma cosa, aspectos diferentes de una longitud de onda particular o, en otras palabras, la misma energía vibrante, manifestada en diferentes niveles de conciencia. Las vibraciones del sonido, hechas con concentración y devoción, son capaces de dar lugar a la forma divina en la conciencia del aspirante.

Otra función del nombre divino es la que podría llamarse “mágica”, en tanto que gran número de las frases sagradas que se repiten tienen efectos concretos a la hora de conseguir determinados resultados prácticos. Por ejemplo, algunas protegen de accidentes, otras procuran buena fortuna, otras ayudan a combatir malos hábitos... Junto a esta función mágica, basada en la protección, que hace posible usar estas frases con vistas a obtener demandas concretas, cada una tiene sus propios efectos espirituales en la conciencia del aspirante, pues la característica esencial de los mantrams es que están adaptados a la personalidad y vocación particular de cada uno. De ahí que la gran mayoría de ellos deban ser proporcionados al aspirante por un maestro experimentado que conozca tanto la energía del mantra como la del discípulo, proporcionándole aquella frase específica que opera la iniciación del postulante, a la vez que le transmite su propia energía. Esto es lo que se conoce como “activar” el mantra. Sin esto, la repetición divina pierde gran parte de su eficacia.

Esta individualización del mantra, junto al hecho de que buen número de ellos son muy poderosos y encierran peligros si no se usan correctamente, hace que esta práctica sea inviable para la gran mayoría de nosotros, que no tenemos generalmente a un maestro experto que nos guíe en el uso de esta fuente de poder. 

Dentro de nuestra cultura, el cristianismo tiene en sus “letanías” y “jaculatorias” el equivalente de los mantras y los dhikrs. Al ser mucho más próximas a nuestra mentalidad, éste será el tipo de frase sagrada que usaremos en nuestra práctica.

En cuanto a ésta, la técnica consiste en elaborar una lista de frases referidas a Dios y al aspecto bajo el cual necesitamos la conexión con Él. Por ejemplo, la frase “Dios es paz” nos hace considerar la presencia divina bajo el aspecto de algo que necesitamos (la paz) en un momento dado. Igualmente, podemos decir que “Dios es amor”, “Dios es perdón”, “Nada temo en Dios”, “Dios mío, ten misericordia”, etc., dependiendo la frase a elegir de nuestra necesidad concreta. Lo que es importante subrayar es que es esencial hacer una referencia clara a Dios, pues no olvidemos que estamos trabajando ya al nivel espiritual, donde es preciso hacer una conexión con el ser interno. Si nos decimos, por ejemplo: “No tengo nada que temer”, estaríamos todavía dentro del nivel emocional, pues no habría una conexión clara con nuestro ser divino. Mejor sería decir: “Dios es mi fortaleza. Nada temo”, o alguna frase parecida donde se asocie la presencia de Dios con la ausencia de miedo.

Cada cual puede hacerse su lista de frases significativas, eligiendo aquellas que hagan referencia a las cualidades que necesita poseer, y a aquellas necesidades que precisa satisfacer. Si, por ejemplo, nuestro problema central tiene que ver con el miedo, elegiremos una frase como la ya descrita. Si fuera el perdón, valdría, por ejemplo: “Dios es el amor en el que perdono”... Dios es Uno, pero tiene muchos atributos y manifestaciones, muchos aspectos, muchos nombres: es amoroso, comprensivo, fuerte, poderoso, misericordioso, creador, fuente de paz, santo, protector, etc. Lo mejor sería elegir aquel nombre que más nos resuene y recitarlo como práctica base, utilizando luego algunos otros nombres secundarios para conseguir otras cualidades que no sean tan centrales en nuestra personalidad, dependiendo de nuestros estados de ánimo transitorios.

En todas las tradiciones espirituales, se aconseja practicar la repetición de frases sagradas utilizando un instrumento basado en una serie de cuentas que se van pasando una a una según se repite la frase. Además de para llevar la cuenta, este instrumento sirve también para concentrar la atención, y para descargar la energía negativa, de ahí la conveniencia de que esté hecho de materiales nobles: marfil, ámbar, piedras como turquesa, jade, maderas nobles... este instrumento, llamado mala en el hinduismo, tasbih en el sufismo, es el equivalente del rosario cristiano. Aconsejamos su uso, pues ayuda a evitar las distracciones

A manera indicativa, proponemos un breve listado de frases que nos pueden servir:

- Dios está en todo lo que veo.

- Mi mente es parte de la de Dios.

- Soy bendito por ser un hijo de Dios.

- Dios va conmigo dondequiera que yo voy.

- Dios es mi fortaleza.

- Dios es mi fuente.

- Dios es la luz en la que veo.

- Dios es la mente con la que pienso.

- Dios es el Amor en el que perdono.

Elaborada una lista personal de frases, la práctica completa quedaría así:

Practica una relajación. Cuando sientas que te has aquietado, ponte en la presencia de Dios y repite mentalmente la frase elegida, muy despacio, haciendo que coincida con tu espiración, que deberá ser lo más lenta posible. No pienses nada, no analices la frase, limítate a repetirla, sintiendo que te penetra hasta el fondo de tu ser. Poco a poco, ve recitando la frase cada vez más distanciadamente, aumentando el silencio entre las repeticiones.

Cuando la repetición de la frase nos lleve al silencio, cuando la frase caiga por sí misma y nos sintamos en el umbral de la Presencia, entonces es el momento de abrirse a ella, en la “noche de la fe”, ya sin palabras, sin conceptos, sin imágenes, y permanecer, mudos y absortos, en ese vacío lleno de inmensidad, en esa oscuridad plena de luz, en ese silencio colmado de la Palabra.

Si la repetición de la frase nos lleva al punto de sentir la necesidad de abrir nuestro corazón con palabras, para dialogar con ese Dios que presentimos cerca, hagámoslo, vaciemos nuestro interior expresando con palabras nuestras vivencias: petición, alabanza, gratitud, adoración, amor...       

5.- El vocablo sagrado: OM

«Vive en OM. Medita en OM. Respira OM. Descansa en OM. Refúgiate en OM» (Swami Sivananda)

El mantra más conocido es el llamdo pranava: OM.

OM (que se pronuncia AUM), la palabra sagrada de los hindúes —que origina el “Amén” cristiano—, es una de las palabras conocidas más antiguas, cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. Es el vocablo sagrado por excelencia, la Vibración Original y el Poder Divino, el mantra más poderoso que existe. OM encierra todo las vibraciones, todas formas de lenguaje y todos los pensamientos. Las vibraciones producidas por OM producen unas ondas mentales que se corresponden con lo Supremo y constituyen una senda directa hacia la iluminación.

El poder creativo que Dios emitió es el Dios que puede conocerse mediante el contacto con OM. En el universo, Brahma se manifestó asimismo primero como nombre, y luego como forma, es decir como este universo. El nombre de Brahma es OM, la más santa de todas las palabras sagradas, matriz de todos los nombres y de todas las formas. Todo el universo ha sido creado del OM. OM y Dios son una y la misma cosa.

  Acostado o sentado, los labios entreabiertos, después de inspirar profundamente, expulse lentamente el aliento que, al pasar, hará vibrar las cuerdas vocales en una “O...” prolongada hasta vaciar completamente los pulmones. El sonido debe ser tan grave y uniforme como sea posible. Emitido correctamente, la mano puesta sobre el tórax (esternón) al nivel de las clavículas debe sentir una vibración. Al término de la expiración, cerrar la boca y, contrayendo los abdominales, terminar de exhalar los últimos restos de aire musitando una “M...” que zumbe suavemente en el cráneo. La otra mano, colocada en lo alto del cráneo, debe percibir también la vibración.

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